Ética y Encuentro clínico

 

Por Luis Gonçalvez Boggio

La ética es fundante del encuentro clínico. Un encuentro puede ser bueno o malo según nos fortalezca o nos debilite, según aumente o disminuya nuestra potencia. La ética funciona como aquella potencia activa que emerge en el cuerpo para administrar la propia vida y sus afectos, a través de los encuentros con otros cuerpos[1].

A diferencia de la moral que prescribe lo que se debe creer, pensar y hacer sobre un modelo ideal y perfecto del Bien, la ética –diversa y singularmente- convida a creer, pensar y hacer según lo que un cuerpo puede, de acuerdo con la potencia de la naturaleza que lo atraviesa.
Podríamos definir al encuentro clínico como aquellos infinitos modos de vida que piden pasaje y agencian complicidades e intensidades buscando un sentido que los libere de los padecimientos, de los sufrimientos y de  las amarras axiomáticas dominantes. El encuentro clínico que proponemos implica poder desmarcarse de los modelos de clínica sedentaria y de los settings cerrados, desplazándose hacia una concepción del desvío, de la deriva, del acontecimiento que, a partir de las novedades producidas en el pasaje a un setting abierto y móvil, se instituyen en una clínica de la multiplicidad.

Esta mirada ética de la clínica se opone a la mirada moral. El hombre moral (que nos habita en mayor o menor grado a todos) está separado de su potencia, no sabe lo que puede. Es un hombre privado de su fuerza y de su potencia. Privado de sí sólo puede tomar a otro como referencia, sólo puede envidiar y culpabilizar la potencia del otro. Imposibilitado de acción presente sólo puede resentirse del pasado y crear ilusiones para el futuro. Y para no arriesgarse a no-ser, prefiere tornarse esclavo de una identidad mayoritaria: moderada, sensata, mesocrática, absoluta, eterna, verdadera, que se opone a lo fugaz, a lo parcial, a lo mutable, a lo finito, a lo intempestivo, a los devenires minoritarios. Recusa los tránsitos y los pasajes, cierra su porosidad, interrumpiendo el movimiento. Es uno de los mayores productores de fofoca, la mayor máquina de coerción y control social: todos nos vigilamos entre todos para que nadie haga lo que todos desearíamos hacer[2].

En oposición a este tipo de vida moral, la ética no produce modelos, no cura, no enseña: ¡vive! Multiplica sentidos, dando expresión a lo singular y a lo inusitado, comprometiéndose e implicándose con las fuerzas que atraviesan los campos de análisis e intervención. Compone agenciamientos, valorizando los saberes nacidos en los encuentros[3]. Aquí es que se agencia con la estética al asumir compromisos con valores vitales y hacer cuerpo con lo que cada existencia tiene como potencia creadora. Ética y estética unidas para la instauración de focos parciales de subjetivación que posibiliten la creación y la recreación, el soporte y el sostén, de aquello que difiere en nosotros, del extraño y del extranjero que nos habitan, de los modos no-fascistas de apropiación de la vida, y si es necesario, de los valores vitales del combate[4].

La clínica social se define así a partir de este triple paradigma: ético-estético y político:
. Ética porque no trabaja desde un conjunto de reglas o desde un sistema de verdades tomadas como valor en sí, que serían métodos de orden moral. Se busca escuchar las diferencias que se efectúan en nosotros mismos y afirmar un devenir a partir de estas diferencias. Se preocupa por la construcción de los soportes necesarios para que la vida sea sentida como pulsación y potencia en la creación de nuevos territorios. No hay subjetividades autónomas en relación a la vida. La ética y la vida se enraizan en la clínica social en la medida que se entienden como potencias de creación y de diferenciación. Ética porque evidencia un compromiso con la potencia de efectuación de la vida en la diferenciación del ser. Estética porque no es el dominio de un campo de saber ya dado, sino que se trata de la creación de un campo como si fuera una obra de arte. Es decir, se entiende a la clínica como un espacio esencialmente de invención cuya función es montar algo como un atelier de la vida. En donde ésta, pueda ir ganando la forma que su creador quiera darle.

. Estética porque permanentemente se busca abrir brechas para la creación de una multiplicidad de nuevas formas de sentir, de amar, de pensar. Y esos encuentros producen singularidades, como algo opuesto al régimen identitario de subjetivación. La identidad es un concepto de circunscripción de la realidad a binomios de referencia: raza, sexo, edad, tipo caracterológico, clase social. La singularidad es un concepto existencial que está siempre en el gerundio, es aquello que estamos siendo, el modo como estamos respirando, sintiendo y moviéndonos. El paradigma estético presupone que la creación en su estado naciente es lo que constituye la potencia permanente y contingente de actualización, de devenir.

. Política porque es una lucha contra las fuerzas en nosotros que obstruyen las potencialidades del devenir. Es decir, apunta su crítica a las raíces sociales de la neurosis y a las estructuras políticas que le sirven de apoyo[5]. Política porque apunta a crear dispositivos analizadores para las problematizaciones que nos atraviesan, para poder pensar como “acto peligroso”.
Política porque opera como un campo de encuentro de alteridades y de producción de diferencias y nos va a permitir ser una singularidad en la multiplicidad, creando una nueva relación con uno mismo en el actuar, en el pensar y en el sentir.

Toda clínica es política así como todo análisis es institucional.

 

Luis Gonçalvez Boggio
(Uruguay)

 


[1] Luiz Fuganti (1990). “Saúde, desejo e pensamento”, en SaúdeLoucura, Ed. Hucitec, vol. 2, San Pablo.
[2] José Angelo Gaiarsa (1978). “Tratado geral sobre a fofoca”, Summus Editorial, San Pablo.
[3] Marilia Muylaert  (2000). “Intermezzo: mestiçagem nos encontros clínicos”, monografía para el Doctorado en Psicología Clínica en la Pontifícia Universidade Católica de SP/BR, 2000.
[4] Micropolíticas de intensificación de las subjetividades y los devenires minoritarios como única vía capaz de combatir al fascismo en todas sus dimensiones.
[5] Wilhelm Reich demostró con claridad cómo el sistema capitalista se mantiene a costa de un proceso de represión y de desvío de la energía vital. Su proyecto clínico y social fue esencialmente político. Dispositivo para trabajar las políticas del cuerpo flexibilizando nuestras corazas, aumentando nuestra capacidad de vibrar y con esto ir disolviendo nuestra rigidez, tolerando más carga energética en el movimiento, volviéndonos más capaces de sentir, contener y expresar nuestras emociones.

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